martes, 31 de julio de 2007

Los tres cerditos

Según la archiconocida fábula, la calidad de una vivienda es inversamente proporcional al tiempo de asueto del que disponen los inquilinos. Las casas de los holgazanes y juerguistas suelen ser de paja y apenas aguantan el soplido de un lobo hambriento. Por el contrario, los inmuebles de los trabajadores empedernidos son inmunes a las más demoledoras condiciones climáticas y pueden aguantar el embiste de varias generaciones de residentes. Es ésta también la analogía de dos civilizaciones contradichas, la europea y la norteamericana. En Middletown, yo viviré en una casa de madera. Seré el cerdito II violinista: "Construiré mi casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar". La calle se llama Fairview ("Mirada justa"), como el pueblo de Mujeres desesperadas, en el imaginario Eagle State.


En su libro Especies de espacios, Georges Perec reflexiona sobre la funcionalidad efímera y resbaladiza de los espacios, la cual parece responder siempre a los antojos relacionales de los individuos que los habitan: "O bien arraigarse, encontrar o dar forma a las raíces de uno, arrancar al espacio el lugar que será el nuestro, construir, plantar, apropiarse milímetro a milímetro de la propia casa: pertenecer por entero a nuestro pueblo, saber que uno es de la región de Cevennes o de Poitou. O bien no llevar más que lo puesto, no guardar nada, vivir en un hotel y cambiar a menudo de hotel y de ciudad y de país, hablar, leer indiferentemente cuatro o cinco lenguas; no sentirse en casa en ninguna parte, pero sentirse bien casi en todos los sitios".

En definitiva: o bien vivir sempiterno en la casa heredada de nuestros predecesores históricos, llena de recuerdos y de moradores anímicos, antepasados de las deudas que nos acucian; o bien esperar el tornado o huracán oportuno para empezar todo de nuevo y no llevar ni lo puesto.

1 comentario:

Daniel M. dijo...

flipaoooo q te quedan tres semanas!!!!